Aunque la soja, el maíz y el trigo aún se negocian a precios muy elevados, se observa una desaceleración en su tendencia alcista. Esta moderación ocurre en un contexto de significativa inestabilidad geopolítica y financiera global, y coincide con el inicio de la recolección de cultivos de verano en Estados Unidos, lo que introduce una resistencia estacional en los mercados. La semana concluyó con una leve disminución generalizada en los valores de los granos, exacerbada por una notable caída registrada el viernes, lo que sugiere un cambio en la dinámica de precios.
En cuanto a la soja, luego de tocar un pico histórico de US$ 496 por tonelada para la posición de junio de 2027 el jueves, el precio experimentó una corrección de US$ 13 por tonelada. Varios elementos contribuyeron a este descenso. El informe mensual del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) sobre oferta y demanda ejerció una presión a la baja, al elevar las proyecciones de la producción de la cosecha estadounidense y aumentar las exportaciones previstas en menor medida de lo anticipado. No obstante, el factor más influyente fue la desinversión por parte de los fondos de inversión, quienes, frente a la creciente inflación en EE. UU., perciben como inminente un incremento en las tasas de interés. Esta expectativa ha provocado un desplazamiento de capitales desde los commodities hacia los activos financieros. En el ámbito uruguayo, la soja de la próxima cosecha alcanzó valores de hasta US$ 450 por tonelada, cifra que supera entre un 20% y un 25% los precios de la campaña anterior.
A pesar de esta moderación, el mercado de granos sigue mostrando un potencial alcista, aunque con una tendencia a la desorganización. Diversos elementos sostienen esta visión: las altas probabilidades (90%) de un fenómeno de El Niño muy intenso, la escalada de las tensiones en el Mar Negro y Medio Oriente –que ha impulsado nuevamente el precio del petróleo– y la confirmación de rendimientos deficientes en las cosechas de maíz y trigo en Europa. Ante la persistencia de estos conflictos bélicos, se anticipa que los precios de los alimentos continuarán robustos; de hecho, el índice de la FAO registra su nivel más alto desde 2022.
El crudo Brent cerró la semana en US$ 104,65 por barril, corrigiendo a la baja desde los US$ 110 testeados el jueves, pero manteniéndose casi un 10% por encima del valor de la semana anterior. El costo del gasoil, por su parte, ha alcanzado niveles sin precedentes en múltiples naciones debido al encarecimiento del refinado, lo que incrementa el atractivo de los biocombustibles elaborados a partir de cultivos en regiones estables. La situación geopolítica sigue siendo un factor determinante: en el Mar Negro persisten los asaltos a instalaciones portuarias y embarcaciones, con Rusia atacando la principal planta de aceite de girasol en Dnipro, Ucrania. Simultáneamente, el conflicto en Medio Oriente se ha intensificado, con el avance de los rebeldes hutíes yemeníes hacia el estrecho de Bab el-Mandeb, una ruta marítima vital hacia el Mar Rojo. Esto agrava la incertidumbre comercial que ya existía por las interrupciones en el Estrecho de Ormuz, al otro lado de la península arábiga.
Por segunda semana consecutiva, el precio del trigo disminuyó, situándose en US$ 266 para la posición de diciembre en la Bolsa de Chicago. Esto representa una caída semanal del 1,2%, impulsada por una reducción de US$ 6 el viernes, atribuible a la toma de ganancias de los fondos y a cifras de exportaciones estadounidenses inferiores a las proyecciones. El informe del USDA ajustó a la baja los volúmenes esperados de exportación de trigo de Rusia y Ucrania, aunque en menor medida de lo anticipado por el mercado, y elevó las previsiones de envíos para Canadá, Australia y Argentina. En Uruguay, los contratos de trigo se negociaron en torno a los US$ 225 por tonelada, aún distantes de los valores de Chicago, mientras que la cebada cervecera cerró la semana superando los US$ 270 por tonelada.
Las recientes proyecciones del USDA también ejercieron una influencia negativa sobre el maíz, que experimentó una corrección semanal del 1,2%, cerrando en US$ 208 para la posición de diciembre de 2026. Si bien la estimación mensual de la cosecha estadounidense se redujo de 406,7 a 401,3 millones de toneladas, este ajuste fue menos pronunciado de lo esperado por el mercado, manteniéndose considerablemente por encima de los 389,75 millones de toneladas que había calculado la gira ProFarmer, y que impulsó los precios dos semanas atrás. No obstante, el dato de los stocks finales de maíz para 2027, que se ajustaron a 39,9 millones de toneladas –inferiores a los 42 millones de agosto y a los 48,8 millones de la campaña 2025/2026–, aportó cierto soporte al cereal. Otros factores que contribuyeron a la presión bajista fueron la estabilidad en la previsión de importaciones de maíz de la Unión Europea, fijada en 23,50 millones de toneladas (por debajo de los 25 millones proyectados por la Comisión Europea debido a la merma en su producción), y el mantenimiento de la estimación de exportaciones ucranianas en 22 millones de toneladas, a pesar de las recurrentes interrupciones en el comercio de granos en la región. En Uruguay, el maíz se mantuvo estable en US$ 245 por tonelada.
La colza mantuvo un precio robusto, con el valor por tonelada cerrando el viernes en US$ 640 en el mercado europeo Matif. Esto ocurrió a pesar de una semana fluctuante y una ligera presión a la baja del tipo de cambio euro/dólar. Aún así, los precios finales se consolidaron como los más elevados de la temporada. Este escenario permitió que en Uruguay se registraran referencias de hasta US$ 570 y US$ 575 por tonelada de colza. El incremento de esta oleaginosa invernal en la región refleja directamente las dificultades que enfrenta el mercado petrolero global.
En Brasil, el precio del arroz experimentó un ascenso del 15% durante agosto en comparación con el mes anterior. El viernes, la bolsa de 50 kilogramos de arroz cáscara se cotizó a US$ 15,57 en Rio Grande do Sul, un valor que sirve de referencia para Uruguay. Este reciente encarecimiento está comenzando a incidir en las determinaciones de siembra. El Instituto del Arroz de Rio Grande do Sul (IRGA) estima una disminución del 3,4% en la superficie destinada a este cultivo, una contracción menos significativa de lo que se había previsto inicialmente.
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