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La clausura de la Cooperativa de Lechería de Melo (Coleme), una institución emblemática en Cerro Largo y reconocida por su dilatada historia en la industria láctea uruguaya, ha generado una cascada de desafíos apremiantes en la región. La decisión, adoptada el pasado 2 de mayo, deja en el aire el destino de la producción diaria de catorce tambos locales que dependían de esta planta para la recolección de su materia prima.
Un total de catorce establecimientos lecheros del departamento —cuatro en Fraile Muerto, tres en Colonia Wilson y siete en las cercanías de la capital departamental— se encuentran ahora en una situación crítica. A partir de este miércoles, dejaron de contar con un comprador para su leche, lo que implica una acumulación del producto en sus tanques mientras buscan alternativas. La viabilidad de encontrar nuevas empresas recolectoras es compleja, considerando la distancia y los costos logísticos para otras plantas lácteas. Ante este escenario, la posibilidad de que algunos tambos deban cesar su actividad, con el consiguiente impacto negativo en sus dueños y empleados, se mantiene como una preocupación real.
Fundada el 28 de abril de 1932, Coleme, con 92 años de existencia, superaba en antigüedad a la principal industria láctea del país, Conaprole. Aunque en su momento llegó a abastecer a 70 tamberos, su declive se suma a una lista de cierres o reducciones de operaciones en el sector lácteo uruguayo en los últimos años, incluyendo empresas como Ecolat, PILI, Calcar y Claldy, así como una planta de Conaprole en Rivera. La decisión de cerrar fue tomada durante una asamblea de socios celebrada el martes. De los doce miembros activos, siete asistieron a la reunión. El resultado fue cinco votos a favor de la disolución y dos abstenciones, confirmando así el fin de las operaciones de la cooperativa de acuerdo con sus estatutos.
Los treinta empleados de Coleme enfrentan un futuro incierto. Se les ha informado que inicialmente accederán al seguro de desempleo, para luego ser formalmente despedidos debido al cese definitivo de la empresa. En medio de esta difícil situación, los trabajadores, con el respaldo de una fuente sindical, están explorando la posibilidad de formar una cooperativa propia, orientada a ofrecer servicios a la Intendencia u otros organismos estatales, desvinculados ya de la actividad lechera.
El complejo industrial de Coleme en Melo, que recibía aproximadamente 6.000 litros de leche diarios para la elaboración de quesos y leche fluida, tiene un futuro aún por definirse. La planta, que se encuentra hipotecada con el Banco de la República, y todos sus activos, serán gestionados en el marco del proceso concursal correspondiente. Adicionalmente, la cooperativa mantiene una deuda significativa con los tamberos, estimada en 22 millones de pesos uruguayos, un monto que también deberá ser resuelto. Se prevé que la materia prima en stock será procesada entre este miércoles y jueves, para luego proceder a la limpieza y desactivación total de las instalaciones.
Paradójicamente, este cese de operaciones ocurre en un periodo de auge para el sector lácteo uruguayo, caracterizado por un aumento en la entrega de leche a las industrias, una valorización de los animales, una mejora en el precio recibido por los productores y un crecimiento en el volumen y valor de las exportaciones. Sin embargo, factores internos específicos llevaron a Coleme a su colapso. Entre ellos, se destaca la afectación de su rentabilidad a lo largo del tiempo debido al contrabando de productos lácteos, una problemática persistente en la región. Asimismo, la cooperativa arrastraba un importante pasivo acumulado con los propios tamberos, en un esfuerzo por mantener su operatividad, lo cual finalmente resultó insostenible.
Respecto al abastecimiento de leche para los habitantes de Melo, la situación no se considera crítica. La llegada regular de productos de Conaprole, sumado al impacto del contrabando (que, aunque problemático, facilita el acceso a lácteos para parte de la población), atenúa la escasez. No obstante, un desafío crucial es garantizar la provisión de leche a los centros educativos de Cerro Largo bajo la órbita de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), los cuales dependían hasta ahora exclusivamente del suministro de Coleme. La búsqueda de una solución para esta necesidad esencial es prioritaria.
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