Este 2026 marca la consolidación de una profunda transformación en la ganadería uruguaya, impulsada por un veloz cambio en la dieta del ganado. La incorporación de complementos alimenticios, especialmente el maíz, está redefiniendo el sector, tendencia que se aceleró significativamente en 2024 gracias a una relación favorable entre los precios de carne y leche y el costo de los granos.
Según un exhaustivo estudio de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa), que analizó casi dos décadas, el consumo de alimentos concentrados mostró un crecimiento «levemente creciente» hasta 2017, para luego entrar en una fase «estructuralmente creciente» a partir de 2018. El año 2024, no obstante, parece haber inaugurado una tercera etapa, aún más dinámica. Durante ese año, se verificó un notable aumento en el consumo de concentrados, gracias a una oferta récord de granos forrajeros, liderada por una cosecha histórica de maíz en la zafra 2023-2024. Este incremento fue estratégicamente aprovechado por una demanda ganadera en expansión, particularmente la de los sistemas de engorde a corral.
En un análisis de períodos trienales, el uso de estos productos creció un impresionante 80%, pasando de 1,5 a 2,7 millones de toneladas. Los concentrados energéticos, con el maíz a la cabeza, casi se duplicaron, superando los 2 millones de toneladas. La producción de maíz, en sí misma, experimentó un «crecimiento violento», duplicándose en solo cuatro años (de 2021 a 2025) al pasar de 878 mil a 1,34 millones de toneladas, un aumento del 121%. Esta explosión del maíz ha provocado un rediseño fundamental tanto en la ganadería de carne como en la lechería.
El sector cárnico se posiciona como el principal consumidor absoluto de concentrados, representando el 60% del total en 2024 con cerca de 2 millones de toneladas, un 53% más que en 2023. Aunque la lechería experimentó una ligera disminución del 5% en su consumo de concentrados en 2024, se estima que esta tendencia se revirtió notablemente en 2025. Para la producción avícola, si bien también aumentó el uso de maíz, no representa un cambio tecnológico profundo, ya que su dieta se basa tradicionalmente en raciones. Así, el gran motor del cambio agrícola-ganadero reciente es el maíz destinado a la producción pecuaria, especialmente la de carne.
Este avance sin precedentes trae consigo cuatro dinámicas que, aunque puedan parecer contradictorias, son en realidad pilares del nuevo modelo:
1. **Menor edad de faena con mayor peso:** A pesar de la escasez de novillos de mediana edad debido a la sequía previa, 2025 vio un aumento en la faena de animales más jóvenes (diente de leche) y también de animales mayores (seis dientes). La clave es la aceleración del ciclo productivo. Gracias a los concentrados, los animales alcanzan pesos récord a edades más tempranas. En 2025, el peso promedio de los novillos alcanzó 529,8 kg, un aumento de 4,2 kg, lo que se traduce en mayor calidad y eficiencia industrial. Se proyecta que esta tendencia de animales más jóvenes y pesados continúe en 2026.
2. **Más faena de vacas y más vientres entorados:** En 2025, el incremento del 6,4% en la faena se debió principalmente a un aumento del 9% en la faena de vientres (vaquillonas y vacas de seis dientes). Sin embargo, el entore de vaquillonas jóvenes, incluso desde los 15 meses, indica que el próximo censo ganadero registrará un aumento en el stock de vientres entorados. La producción de terneros, apoyada por el grano, sigue siendo un negocio atractivo, y la base de cría continúa su crecimiento sostenido.
3. **Mayor exportación en pie y también más faena:** La escasez de ganado para faena en 2025 no solo impulsó la actividad industrial interna, sino también la exportación de ganado en pie, que se acercó a las 400 mil cabezas, siendo la segunda cifra más alta de la historia. Este fenómeno demuestra que una mayor exportación de animales vivos no implica necesariamente una reducción en la faena local. Ambos crecen debido a los altos precios de exportación de carne y la capacidad de producir ganado de manera más eficiente y rápida.
4. **Más producción de maíz sin caída de precios:** La ganadería ha generado una robusta demanda que permite aumentar la producción de maíz sin que sus precios se depriman. Con rendimientos que han pasado de 4.000 a 8.000 kilos por hectárea en pocos años, y precios que hacen rentable la relación con la carne (un kilo de novillo compra 14 kilos de maíz, dejando un margen considerable), el maíz de verano ofrece uno de los mejores márgenes agrícolas. Otros granos forrajeros, como la cebada y el trigo de baja calidad para panadería, también encuentran un piso de precios en la demanda ganadera. Este equilibrio, aunque pueda tener ligeras fluctuaciones estacionales, es una tendencia irreversible para Uruguay, con producciones crecientes del cereal y, si fuera necesario, recurriendo a la importación.
En definitiva, la alta cotización de la carne y la leche a nivel internacional, sumada a la dramática mejora en la productividad del maíz, son los dos motores fundamentales de esta revolución. La alimentación con concentrados, en particular el maíz, se ha establecido como un camino sin retorno, garantizando un futuro de mayor producción de carne y leche en Uruguay.
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