Montevideo, 17 de enero de 2026 – Un reciente reporte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha generado preocupación entre los productores agrícolas uruguayos. El análisis de proyecciones agrícolas emitido por el USDA para 2026 confirma una marcada sobreoferta global. Esta situación anticipa la persistencia de bajos precios durante todo el año para cuatro cultivos esenciales para Uruguay: el maíz, la soja, el arroz y el trigo.

Se confirma una abundante recolección en los países del Mercosur, sumándose a una producción extraordinariamente alta en Estados Unidos. Simultáneamente, el mercado del trigo, un cereal de importancia estratégica, ha adquirido un carácter fuertemente político, mientras que la demanda global se mantiene sin variaciones significativas.

Una situación similar se observa en el mercado del arroz. Después de una temporada en la que la prohibición de exportaciones de la India impulsó precios extraordinarios, el sector se enfrenta ahora a un creciente superávit, impulsado por una producción asiática que excede el ritmo de consumo. A esto se suma la continua y robusta expansión agrícola de Brasil, una tendencia que persiste independientemente de los cambios políticos.

**Proliferación Global del Maíz**

Las últimas cifras del USDA validan estas dinámicas. Destaca, en particular, la transformación radical en la producción de maíz en Estados Unidos: esta se ha estabilizado y demuestra resiliencia ante las fluctuaciones climáticas, acumulando trece campañas con rendimientos consistentemente al alza, desde la severa sequía de 2013.

Con extensiones de cultivo relativamente constantes, la producción de maíz en EE. UU. transitó de 300 a 350 millones de toneladas anuales entre 2010 y 2023. Sin embargo, a partir de ese punto, el ritmo productivo se disparó gracias a una mayor productividad, potenciada en los últimos tres años y complementada por una expansión del área de siembra, incentivada por la caída de los precios de la soja. La zafra 2023/24 ya había establecido un récord de 390 millones de toneladas.

Las estimaciones oficiales hasta diciembre de 2025 anticipaban una cosecha estadounidense de 425 millones de toneladas, y el consenso del mercado esperaba una ligera revisión a la baja, hacia los 420 millones, cifra que de por sí ya representaba un nuevo máximo histórico. La revelación de enero, sin embargo, sorprendió al sector al proyectar una cifra aún mayor, superando los 430 millones y alcanzando los 432 millones de toneladas.

La tendencia de precios altos para la carne y bajos para los granos se consolida, siendo el maíz el ejemplo más claro de transformación tecnológica, especialmente genética. Esta dinámica se refuerza con las elevadas producciones del Mercosur: Argentina y Brasil se dirigen hacia cosechas récord. Para Argentina, con un favorable desarrollo de cultivos, se proyecta un máximo histórico de 61 millones de toneladas, un incremento significativo respecto a los 50 millones del ciclo previo. Este aumento impactará el mercado local uruguayo, donde el maíz argentino y paraguayo incrementará la competencia. Por su parte, Brasil, con su ambición de liderar la producción mundial de proteínas, exhibe un crecimiento constante, pasando de menos de 100 millones de toneladas antes de 2019 a superar los 130 millones en la actual zafra.

Esta combinación de factores ha estabilizado los precios del maíz en Chicago en el rango de 160 a 180 dólares por tonelada, tras un breve repunte antes del informe del USDA. Aunque las exportaciones se mantienen vigorosas y la conversión de maíz en carne o lácteos es rentable, el vertiginoso aumento de la oferta global asegura que los inventarios se mantengan en niveles elevados.

El maíz se ha erigido como la especie vegetal más versátil y adaptada a la sociedad moderna, sirviendo como forraje animal, materia prima para etanol, edulcorante para la industria de bebidas y, por supuesto, alimento para el consumo humano. Se estima que la producción global de esta campaña se aproximará a los 1.300 millones de toneladas, consolidándolo como el cereal más cultivado a nivel mundial, con una diferencia abismal.

**Maíz en Uruguay**

En Uruguay, la superficie destinada al cultivo de maíz también experimenta una expansión, impulsada por rendimientos que logran compensar los elevados costos de producción. La sequía registrada entre la segunda quincena de diciembre y principios de enero provocó que una parte considerable de la cosecha se destinara a ensilaje para forraje animal. Aunque la cantidad de grano será ligeramente inferior a la del año pasado, esta campaña se perfila como la segunda más productiva en la historia del país, solo superada por la de 2025. El cultivo bajo riego avanza y la demanda para el sector ganadero está garantizada. Cualquier déficit podrá cubrirse con importaciones a precios competitivos desde Argentina o Paraguay, asegurando la disponibilidad.

**Soja: Los US$ 500 se Alejan Progresivamente**

Ocasionalmente, expertos en mercados internacionales llegan a Uruguay, manifestando inquietud por la venta de todo el stock de semillas y sugiriendo que «no sería de extrañar que la soja retorne a los US$ 500 (por tonelada)». Tales declaraciones generan optimismo, aunque no se presenten como escenarios probables. No obstante, a menos que ocurra un evento climático catastrófico imprevisto, la soja no alcanzará los 500 ni siquiera los 400 dólares. Si el precio se acerca a los 370 dólares, la recomendación es asegurar la venta.

Brasil mantiene un dominio aplastante en la producción de soja, complementado por la alta productividad en Estados Unidos. El informe del USDA confirmó una sólida cosecha estadounidense de 116 millones de toneladas y una impresionante producción brasileña proyectada en 178 millones de toneladas. En Chicago, la soja para julio de 2026, que había superado tenuemente los US$ 400 por tonelada, se ubica ahora más cerca de los US$ 390. Las perspectivas de incrementos son limitadas, considerando un nuevo récord de producción en el Mercosur, liderado por Brasil, cuyas cosechas ya están en marcha. En consecuencia, se prevé que el stock mundial de soja aumentará nuevamente, estableciendo un nuevo máximo histórico para mediados de este año.

**Excedente Récord de Arroz**

Los precios del arroz experimentaron un repunte puntual durante la zafra 2023/24, tras años de cotizaciones a la baja. El consumo global de arroz aumenta de manera moderada, impulsado por mejoras económicas y una desaceleración de la natalidad. A modo de contraste, mientras el mundo consume anualmente 30 millones de toneladas adicionales de maíz, la demanda de arroz solo se incrementa entre seis y siete millones.

El año de precios excepcionales para el arroz fue provocado más por una inesperada interrupción de las exportaciones indias que por una escasez real de oferta. Sin embargo, la estrategia de India resultó exitosa, ya que en los dos años subsiguientes ha alcanzado producciones récord, superando consistentemente los 150 millones de toneladas, en contraste con sus previos máximos de 135 millones. India ha evolucionado de una nación con grave inseguridad alimentaria en el siglo XX a un significativo exportador en el actual, marcando una de las grandes reconfiguraciones agrícolas de la época. Asia ha optimizado sustancialmente su producción; por ende, a pesar de los actuales precios deprimidos, la producción global se mantiene estable y los inventarios mundiales no disminuyen de forma apreciable, siguiendo una pauta comparable a la del trigo.

**Trigo: El Cereal con Mayor Implicación Geopolítica**

La producción de trigo experimentó un giro drástico tras la disolución de la Unión Soviética y la reestructuración económica de las exrepúblicas. Si bien la URSS era un gran importador, Rusia, Ucrania y otras naciones ribereñas del Mar Negro se han convertido en exportadores clave. Este cambio de paradigma se complementa con cosechas récord en Australia, los esfuerzos de Brasil por alcanzar la autosuficiencia y un notable crecimiento de la producción en Uruguay, sumado a una cosecha histórica en Argentina. Más aún, la provisión de trigo a bajo costo se ha convertido en una potente herramienta política; Rusia, por ejemplo, ha consolidado su influencia en el norte de África, en parte a expensas de Francia, al garantizar precios muy ventajosos para el principal ingrediente del pan. Se prevé otro año de incremento productivo, con un aumento en los inventarios y escasas probabilidades de que los precios se recuperen. De manera similar al arroz, el consumo crece de forma moderada, y un aumento de 10 millones de toneladas en la producción del ciclo 2025/26 resultará en un incremento de 18 millones de toneladas en el stock. Con 278 millones de toneladas almacenadas, el nivel más alto desde 2021/22, los mercados compradores mantienen la calma.

**El Escenario General**

Los cimientos de la producción agrícola global garantizan un abastecimiento abundante, mientras que la desaceleración de la natalidad global contribuye a la expectativa de que los actuales precios bajos persistan a lo largo del año. Surge la pregunta de qué transformó el mercado de materias primas, que experimentó una crisis «malthusiana» en 2008, a la situación actual de estancamiento. La respuesta clave reside en la evolución tecnológica, que ha impulsado un incremento productivo constante y generalizado, siendo especialmente notable en Estados Unidos para el maíz y en Brasil para maíz y soja, países líderes en el superávit. Además, el freno demográfico global, con un crecimiento poblacional concentrado principalmente en África, ejerce una influencia perceptible sobre la demanda de los granos esenciales.

**Interrogantes y Perspectivas a Futuro**

¿Implica esta coyuntura que los precios bajos se mantendrán indefinidamente? ¿O que las predicciones de Malthus carecían de fundamento? Nuestra interpretación es que no. La deforestación persiste, el calentamiento global avanza —y se acelera—, y la escasez de metales, evidenciada por la marcada alza de precios de la plata y el cobre (el oro por otras razones), subraya la inviabilidad de un crecimiento ilimitado en un planeta con recursos finitos. La sustitución de combustibles fósiles, recursos finitos y contaminantes, por aceites vegetales —con un perfil ambiental ligeramente superior—, junto con la creciente demanda de maíz para la producción cárnica y láctea, continúan siendo los pilares de sostén para el sector agrícola. Si la inestabilidad climática se arraiga estructuralmente a mediano plazo, una escalada de precios, con graves repercusiones sociales, es previsible; un proceso gradual pero profundamente irreversible. Sin embargo, por el momento, los impactos climáticos no logran revertir el constante aumento de la oferta.

En la práctica, los productores agrícolas deben prepararse para un año en el que los márgenes de beneficio para estos cuatro cereales principales se situarán por debajo de los promedios históricos. Por el contrario, la demanda de granos para la producción de carne y leche continuará siendo un motor para el desarrollo del sector ganadero en el Mercosur.

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