En un giro notable de sus vidas profesionales, Ana Laura y Víctor dejaron atrás la gerencia de un supermercado para convertirse, en poco tiempo, en exitosos productores de frutillas mediante el innovador sistema hidropónico. Esta transición no solo representa un cambio de carrera, sino la materialización de una profunda pasión granjera y el compromiso de honrar un legado familiar, combinando esfuerzo, inversión y una visión moderna. Su emprendimiento, impulsado por una fuerte inversión en tecnología, ha escalado rápidamente, permitiéndoles abastecer semanalmente a Tienda Inglesa con envases de un fruto de alto valor añadido.
A través de un método productivo innovador y con metas ambiciosas, Ana Laura y Víctor no solo perpetúan la herencia de sus progenitores, sino que también inculcan estos valores a sus hijos, Sofía (15) y Renzo (12), quienes ya colaboran activamente en la promoción de sus productos en redes sociales.
**Las frutillas CaPei**
Ambos cónyuges provienen de familias de “frutilleros tradicionales” que cultivaban a cielo abierto, una labor de gran sacrificio. La pasión por la producción fue una enseñanza fundamental de sus respectivos padres: William Peisino y Aida Cabrera (de Ana Laura), y Hugo Cabrera y María Esther Torres (de Víctor). Como tributo a esta herencia, su marca lleva el nombre CaPei, una combinación de las sílabas iniciales de los apellidos paternos. «Queremos que ellos estén siempre presentes, son el pilar de todo lo que hemos logrado y se lo merecen», afirman.
Tras la enfermedad y posterior fallecimiento del padre de Ana Laura, la pareja asumió mayores responsabilidades. Inicialmente, mantuvieron el cultivo tradicional en tierra, pero, cinco años más tarde, concretaron la transición hacia la hidroponía, una visión que ya compartían con William. En este camino, el respaldo familiar fue crucial, al igual que un préstamo vital del Banco República y el apoyo de la Dirección General de la Granja (DIGEGRA) del MGAP. La empresa Aguas Uruguay también jugó un papel esencial como proveedor de insumos y asesoramiento técnico.
Su establecimiento, ubicado en Colonia Galán (San José), sobre el km 35 de la Ruta 1, fue el escenario de sus primeros intentos. Hace algunos años, Víctor acudió a Aguas Uruguay en busca de nylon para construir invernaderos rudimentarios. Eduardo Barlocco, propietario de la empresa, le advirtió sobre la dificultad y la probable ineficacia del método, predicción que se cumplió cuando las estructuras cedieron ante el viento. Este revés los llevó a un segundo encuentro con Barlocco, quien los motivó y orientó hacia una inversión audaz: un sistema hidropónico con tecnología de vanguardia. Una decisión que, aunque arriesgada, ha rendido los frutos esperados.
Desde Aguas Uruguay obtuvieron los materiales para los macro-túneles, la sofisticada máquina Xilema y las plantas. Además, establecieron una valiosa conexión con la Ing. Agr. Pilar Olaso, quien les brinda asesoramiento continuo. «Aprendemos algo nuevo todos los días», reconocen con gratitud.
Una de las mayores ventajas de este sistema es la optimización del uso del suelo, un desafío común en la agricultura tradicional. En una sola hectárea, logran cultivar 64.000 plantas de frutilla distribuidas en 15 macro-túneles, una cantidad que requeriría al menos el triple de terreno con métodos a campo.
Aunque también cultivan tomate Cherry de forma convencional, la pareja ya explora la producción hidropónica de Cherry y frambuesas, proyectando futuras expansiones.
**Frutillas en fibra de coco**
Las frutillas hidropónicas crecen sobre fibra de coco importada, que llega compactada y se expande al contacto con el agua. Una vez alcanzada la conductividad óptima, se instalan 12 plantas madre por cada metro. El sistema Xilema, controlado a distancia, gestiona el suministro de agua y nutrientes, garantizando una eficiencia excepcional en el manejo de recursos hídricos y fertilizantes, lo que se traduce en menores costos operativos y un rendimiento superior al cultivo tradicional. Además, el ambiente de trabajo es significativamente más cómodo y seguro: limpio, cubierto y sin la necesidad de agacharse constantemente, como ocurre en los canteros terrestres.
La temperatura ideal dentro de los macro-túneles se ajusta subiendo o bajando los laterales de nylon. Priorizando la sostenibilidad, el emprendimiento opta por un control biológico de plagas, utilizando insectos beneficiosos y manteniendo zonas con floración dentro de los 15 macro-túneles para atraer abejas y otros polinizadores. «Para nosotros, la biodiversidad es primordial; cuidamos el entorno donde cultivamos y vivimos», enfatizan. La protección que ofrecen estas estructuras cubiertas también resguarda los cultivos de inclemencias climáticas como lluvias torrenciales, vientos huracanados o granizo, gracias al uso de un nylon de alta resistencia.
**Frutillas cada día en todo el año**
Una ventaja transformadora es la capacidad de producir frutillas durante todo el año, a diferencia de la temporada limitada (octubre a enero) del cultivo a campo. Si bien la producción puede disminuir en períodos de calor extremo en verano o heladas intensas en invierno, la disponibilidad del fruto se mantiene los 12 meses. A modo de referencia, en su primer año con 10.000 plantas, el pico de rendimiento semanal alcanzó las 1.000 petacas de medio kilo. Con base en esta experiencia y una estrategia de crecimiento, el objetivo actual es expandir la producción a 65.000 plantas.
**La producción tradicional y la de hidroponia**
En cuanto a las diferencias entre las frutillas de campo y las hidropónicas, no existen variaciones nutricionales ni de tamaño, pero sí en el sabor. «Para nosotros, son considerablemente más sabrosas», aseguran. Además, presentan una mayor durabilidad post-cosecha, manteniéndose frescas por varios días. La manipulación mínima del fruto —una sola persona lo cosecha y lo empaca, a diferencia de las múltiples manos en el cultivo tradicional— contribuye a su calidad superior. El producto hidropónico es notablemente más limpio, con una forma definida y un brillo distintivo. Aunque la inversión inicial en este tipo de emprendimiento es significativa, la demanda de mano de obra es menor, un factor clave en Uruguay, ya que se eliminan tareas intensivas como la limpieza de plantas y canteros, propias de la agricultura a campo.
Reflexionando sobre sus logros en tan poco tiempo, Ana Laura y Víctor reconocen que aún hay camino por recorrer. Mencionan que Aguas Uruguay introduce constantemente nuevas variedades que ellos experimentan. Aunque Uruguay posee genética de alta calidad, han optado por materiales españoles que han demostrado ser muy satisfactorios.
Concluyendo la conversación, compartieron un mensaje inspirador: las puertas de su granja están siempre abiertas para cualquier productor interesado en la hidroponía. Invitan a visitarlos, conocer su metodología y despejar cualquier inquietud. «Siempre existe temor al tomar una decisión de esta magnitud; implica inversión, un préstamo y la responsabilidad hacia la familia. Pero, así como nosotros recibimos ayuda, nos complace poder ofrecerla también», expresaron.
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