El cultivo de girasol está experimentando un resurgimiento notable, consolidándose como la opción más lucrativa para los productores durante la actual temporada de verano. Este auge se refleja en la siembra de la mayor superficie en los últimos dieciséis años y en la firmeza de sus precios, prometiendo excelentes retornos económicos.

La campaña de girasol 2025/26, cuya cosecha fue inaugurada oficialmente en Young por Copagran con la participación del presidente Yamandú Orsi y una nutrida concurrencia de agricultores, marca la consolidación definitiva de esta oleaginosa en el panorama agrícola uruguayo. Con una extensión de siembra que supera el doble de la campaña anterior, este cultivo de secano se perfila hacia los resultados económicos más favorables de la zafra.

La tendencia es clara: quienes ya optaron por el girasol planean expandir su superficie cultivada, mientras que nuevos agricultores consideran incorporarlo en sus rotaciones para la próxima primavera, ante la inminente campaña de verano. Este renovado interés se ve impulsado por la escalada global en los precios del petróleo y, consecuentemente, de los aceites, una valorización que podría tener bases más profundas y estructurales, atrayendo la atención de muchos hacia el cultivo inmortalizado por Van Gogh.

**Girasol vs. Soja: Inversión Similar, Mayor Rentabilidad**

En Uruguay, el cultivo de girasol presenta un costo por hectárea comparable al de la soja, aproximadamente US$ 650. Sin embargo, su rentabilidad potencial es notablemente superior. Se estima que el ingreso generado por una cosecha promedio de 1.800 kilogramos de girasol equivale a lo que se obtendría de 2.600 kilogramos de soja. Este último rendimiento resulta especialmente desafiante en la zafra actual, marcada por la escasez hídrica que ha limitado la productividad de los campos de soja en la región de Young a unos 1.500 kilogramos por hectárea.

Esta diferencia radica fundamentalmente en el contenido oleaginoso y, por ende, en el precio. Mientras que la soja es valorada principalmente por su proteína y contiene entre un 18% y 22% de aceite, el girasol es una oleaginosa por excelencia, capaz de superar el 50% de contenido graso. Dada la creciente demanda mundial de aceites, los agricultores que consiguen elevados porcentajes de aceite en sus semillas de girasol pueden alcanzar los US$ 600 por tonelada. En contraste, los productores de soja, incluso con las recientes alzas, rondan los US$ 390 por tonelada. Esta disparidad reduce significativamente los rendimientos de equilibrio del girasol y eleva sus márgenes de ganancia.

Adicionalmente, el girasol se destaca como el cultivo de verano con mayor tolerancia a las condiciones de sequía, una característica que ha demostrado ser crucial y determinante en la campaña actual.

**Un Auge Constante**

Para esta campaña, las estimaciones de Copagran indican una superficie sembrada de aproximadamente 25.000 hectáreas, con más de la mitad en terrenos de sus cooperativistas. Este dato representa un incremento sustancial frente a las 11.500 hectáreas del año anterior, marcando la mayor extensión dedicada al girasol desde la zafra 2008/09.

Históricamente, el girasol gozó de gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX y a principios del actual, llegando a ocupar más de 100.000 hectáreas. Sin embargo, su presencia disminuyó drásticamente hasta casi extinguirse en este siglo, debido a las significativas pérdidas ocasionadas por enfermedades como Phomosis y esclerotinia, así como por el daño de aves, principalmente palomas, que consumían el grano antes de la recolección. Estas vulnerabilidades, sumadas al avance de la soja, relegaron al girasol a un rol menor, cultivado casi exclusivamente por algunos productores del Litoral, en particular por la comunidad de agricultores rusos.

Con el paso del tiempo, innovaciones genéticas y cambios morfológicos en la estructura de la planta, especialmente en el capítulo donde se forman las semillas, han dificultado el ataque de las aves. Esto, junto con una mejora en el perfil sanitario y un aumento en el contenido de aceite, ha revitalizado el interés por este cultivo.

Con un 25% de la cosecha ya recolectada, los rendimientos promedio oscilan entre 1.800 y 1.900 kilogramos por hectárea, con mínimos de alrededor de 1.500 kg/ha. Alejandro Nopitsch, gerente comercial de la filial Soriano de Copagran, destacó que el cultivo ha ofrecido «excelentes resultados a pesar de la sequía, generando márgenes muy atractivos gracias a las bonificaciones por contenido de aceite».

Al precio base de referencia de aproximadamente US$ 460 por tonelada de semilla de girasol, se añade una bonificación que oscila entre el 22% y el 24% por su contenido oleaginoso, elevando el valor final estimado a US$ 550-600 por tonelada. Considerando que el rendimiento de equilibrio para cubrir costos y flete se sitúa en poco más de 1.000 kilogramos por hectárea, un promedio de 1.800 kilos puede generar un margen de unos US$ 500 por hectárea antes del alquiler de la tierra.

En contraste, la soja, cuyo precio, aunque inicialmente bajo, se ha estabilizado en torno a los US$ 390 por tonelada en las semanas recientes, requiere un rendimiento de equilibrio de 1.700 kilogramos por hectárea. Tal como se ha señalado, esta productividad es compleja de lograr debido a la sequía, que en las áreas más afectadas ha mermado los potenciales a menos de la mitad de la campaña anterior, cuando el promedio superó los 3.100 kilogramos por hectárea.

**Rol Estratégico y Mitigación de Riesgos**

Alejandro Solsona, secretario de Copagran, resaltó en Radio Rural, durante la jornada de lanzamiento de la cosecha, que el actual proceso de consolidación del girasol se inició modestamente en 2017/18 con apenas 100 hectáreas. Solsona afirmó que «hasta la fecha no se han registrado problemas significativos de enfermedades, los rendimientos potenciales son superiores a los de antaño, y los porcentajes de aceite alcanzan niveles de entre 53% y 54%». Añadió que las pérdidas por la acción de las aves han disminuido, gracias al desarrollo genético de capítulos inclinados y a la mayor superficie cultivada, que diluye su impacto.

La siembra de girasol ofrece ventajas estructurales significativas, como la optimización de la maquinaria agrícola durante períodos de menor actividad (siembra en septiembre, cosecha entre fines de febrero y marzo). Asimismo, aporta estabilidad en los rendimientos, facilita la diversificación de riesgos y reduce la necesidad de agroquímicos. Un beneficio adicional es que deja los suelos en excelentes condiciones para la siguiente siembra.

Desde el inicio de esta nueva fase en 2018, los rendimientos han superado consistentemente los de la década 2000-2010. En cinco de las últimas siete campañas, se han sobrepasado los 1.700 kilogramos por hectárea, una marca inédita para el período anterior, que promediaba entre 1.100 y 1.200 kg/ha.

Un agricultor que incursionó por primera vez en el cultivo, sembrando 45 hectáreas, enfatizó la versatilidad del girasol como una excelente herramienta para diversificar riesgos y optimizar el uso del suelo. No obstante, señaló que las enfermedades siguen siendo un desafío pendiente y que, para contrarrestar el daño de las aves, es aconsejable el uso de desecantes y una cosecha temprana.

La Asociación Argentina de Girasol (Asagir) observa un reposicionamiento estructural del cultivo, impulsado por su fiabilidad productiva, menor demanda de agua en comparación con otras oleaginosas, y una rentabilidad favorable para los agricultores. Subrayan su importancia estratégica en los sistemas productivos, particularmente en zonas con mayor volatilidad climática, debido a su resistencia al estrés hídrico y su robustez, que aseguran resultados incluso cuando otros cultivos incrementan el riesgo. Además, ofrece ventajas agronómicas como la interrupción de ciclos de malezas y plagas, y una mejora en la calidad del suelo.

En Argentina, el girasol ha mantenido su relevancia y actualmente experimenta un fuerte crecimiento. El país vecino se prepara para una cosecha récord, con 3,1 millones de hectáreas sembradas y proyecciones que varían entre 6,2 millones (estimaciones privadas) y 7,2 millones de toneladas (cifras oficiales). A pesar de esta disparidad, ya se han superado las expectativas de exportación de semillas, alcanzando más de 600.000 toneladas para toda la zafra, lo que triplica el volumen de la campaña anterior.

La totalidad de la producción uruguaya de girasol se destina al mercado interno, específicamente al molino aceitero de Cousa. Para la campaña 2026/27, se prevé una nueva expansión de la superficie cultivada, con agricultores ya experimentados buscando aumentar su área y nuevos participantes incorporándose por primera vez. Frente a una producción en constante ascenso, el desafío inminente es la exportación. No obstante, los portavoces de Copagran enfatizan la necesidad de desarrollar un plan comercial robusto para respaldar esta nueva vertiente de negocio. Varias empresas ya están explorando potenciales nichos de exportación, e incluso algunas remesas han sido enviadas al extranjero. Juan Manuel García, presidente de la cooperativa, aseguró que «la demanda global de aceite se mantiene firme, y una mayor superficie cultivada fortalece la defensa de la producción».

**Geopolítica y Precios: El Impulso de los Aceites**

El valor del aceite de girasol ya mostraba una tendencia al alza, producto de la intensificación del conflicto entre Ucrania y Rusia, que ha perturbado los envíos desde la región, y por condiciones climáticas desfavorables en la zona del Mar Negro que mermaron la producción. La reciente escalada bélica en Medio Oriente, tras los ataques a Irán el pasado fin de semana, ha consolidado aún más los precios en Argentina –un referente clave para el mercado uruguayo– debido a las interrupciones en las rutas marítimas que complejizan el transporte de cereales entre el Mar Negro y Asia.

Aunque los precios en Argentina habían comenzado a retroceder con el inicio de la cosecha, se han reafirmado en los últimos días, impulsados por la percepción del país como un proveedor estable y alejado de las zonas de conflicto. A esto se suma el significativo incremento del 35% en el precio del petróleo en menos de un mes, que arrastra al alza las cotizaciones de los aceites y de los granos con alto contenido oleaginoso, como el girasol y la colza. Esta dinámica se vincula directamente con la creciente demanda de biocombustibles, reflejada también en el aceite de soja, que ha experimentado un aumento del 35% en lo que va de 2026, pasando de US$ 1.075 a US$ 1.448 por tonelada en la Bolsa de Chicago.

Este repunte, aunque aún no equipara la magnitud del registrado en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, evoca el fuerte impacto inicial del conflicto en el Mar Negro. La actual inestabilidad geopolítica dificulta la elaboración de proyecciones precisas, y los mercados de granos han experimentado una extrema volatilidad durante la última semana. No obstante, es previsible que la demanda de aceites se mantenga sólida. En un contexto de incertidumbre en el suministro de petróleo, los granos oleaginosos ofrecen la ventaja de una fuente de abastecimiento más predecible y estable, sumado a sus beneficios medioambientales en comparación con los combustibles fósiles.

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